Me mataba la duda, pero me resistía a darme por vencido: ‘¿Será ella?’, me pregunté, y varias veces hice la ronda por la sala de espera del dispensario donde se reclaman los medicamentos de la salud prepagada.
Me mataba la duda, pero me resistía a darme por vencido: ‘¿Será ella?’, me pregunté, y varias veces hice la ronda por la sala de espera del dispensario donde se reclaman los medicamentos de la salud prepagada.