A pesar de su avanzada edad, Isabel se encarga de todos los oficios de su casa y de cuidar a su nieto a quién sobreprotege incluso de los regaños del padre quien no se la lleva bien con Isabel y le pide no mudarse con ellos. Isabel debe elegir entre irse a vivir a la nueva casa por petición de su hija así le toque aguantarse las humillaciones de su yerno o quedarse en su propia casa enfrentando lo que más ha temido; la soledad.

